La fascinación que en todo el orbe producen las aventuras de Don Quijote no son obra de la seductora pluma con que Cervantes contó las vivencias del curioso hidalgo manchego que al traducirlas a otras lenguas distintas del castellano se esfuma en buena parte. Hay algo mucho más poderoso tras el personaje, tanto y tan grande como sería la venida de un ser de otro mundo, del mismísimo mundo desde donde llegamos al mundo de la Tierra la raza humana en remotísimos tiempos ya perdidos de la memoria de los hombres. Don Quijote ha alcanzado la inmortalidad porque como las estrellas durará lo que nuestro universo aguante y él es un viajero en pura misión estelar que ha sido enviado a la Tierra para alimentar el alicaído espíritu de la condición humana. El mismo es consciente y así dice que viene enviado por el cielo para resucitar en estos tiempos calamitosos la vieja orden de la caballería andante ya medio muerta o muerta del todo por sus fechas. Pero la “caballería andante” donquijotesca es mucho más que el gusto por las “fazañas” de caballeros rescatadores de doncellas y auxiliadores de débiles a la vez que “azote” –como Don Quijote- de arrogantes y avasalladores. Es un pasadizo secreto camuflado para seguir la extraña vía mítica y mística de dar alimento al enflaquecido espíritu de lo humano, tarea cuya culminación a lo largo de la historia del mundo a algunos ha llevado a derrotar el encantamiento de la realidad cotidiana, superarla, alcanzar el conocimiento divino accesible a la conciencia humana y con ello esfumarse, desaparecer de la Tierra como si nunca hubiera estado aquí o sin dejar rastro, que sospecho que fue el caso mismo de Don Quijote. Porque Don Quijote no muere en la cama de su casa ni se sabe nada de su “fin y acabamiento” como su mejor historiador, Cervantes, cuenta en el último capítulo de la primera parte (la única que esperaba hacer Cervantes). En la segunda parte por celos literarios Cervantes da muerte a Don Quijote en la aldea de la Argamasilla de la que salió hacia las justas de Zaragoza con Sancho sin nunca retornar a ella. Don Quijote con sus aventuras gesticula saludando al poder de las estrellas sometiéndose a sus designios y escribe a puro brazo y sin tinta un sigiloso ceremonial para convocar la buena suerte al desdichado género humano. Pero Cervantes ignora este poder oculto del personaje histórico al que le dedica varios años para recopilar bien y escribir mejor sus aventuras. Don Quijote en suma ejecuta con sus aparentes locuras un poderoso ritual convocando de las altas esferas que a él le guian, un influjo positivo que ayude al género humano a salir del camino extraviado donde se metió. Y el ingenioso hidalgo argamasillesco cumplió su papel terrenal esfumándose de su aldea por vez tercera ya sin dejar rastro. Un camuflado mesias redentor ha pasado para casi todos como mero personaje de historia de divertidas aventuras. Qué despiste el nuestro.
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1 comentario:
Releo este nuevo regalo, que siempre es un regalo que nos cuentes y el modo que tienes de contar sobre el caballero andante y sigo a la espera de nuevas disertaciones, señor Quijote de los tribunales. Un abrazo.
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